Thursday, June 21, 2007

EL LLANTO DE MI PUEBLO (2002)

“El hombre que ama su tierra es digno ante los ojos de Dios”, Anónimo

José Luis Rolón Álvarez

Las tardes apacibles que servían de marco arquitectónico del hermoso conjunto sinuoso de las verdes montañas de María, han quedado relegadas al recuerdo de los hijos de Ovejas, no porque dejen de ser hermosos los atardeceres vistos desde las terrazas y patios de las casitas pegadas a las laderas bajas de esta formación montañosa. Se trata de que la policromía generada por la multiplicidad de destellos de sol brillante y brioso, aunque se halla presente en cada tardecita nuestra, desprende un halito de nostalgia, llanto y dolor porque sus hijos olvidaron la esencia del mandamiento divino que específicamente dice: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO.

Esta reflexión pretende decir la verdad acerca de lo ingrato que ha sido el tiempo que transcurre. Éste, aunque no puede borrar de nuestra memoria los recuerdos, se ha dado a la tarea de enseñarnos como el dolor supera todo amago de nostalgia entre los habitantes de esta hermosa tierra. Eso de tratar de recordar aquellas épocas donde la Semana Santa era preludio de regocijo, recogimiento, buena mesa y respeto por lo litúrgico, resulta en estos tiempos de dolor, una gran TORMENTO. Recordar cómo el Almagra, en la casa de Julio Álvarez Ortega y doña Julia Moreno, todos los visitantes eran recibidos como lo ordenan los cánones de la gastronomía, del afecto, de los juegos, del licor, ruedas de cuentos, sinceridad y respeto, no es más que un ataque de masoquismo, dado que el lamento impregnado de tristeza brota a raudales de la memoria, hace mucho daño en la conciencia del ovejero amante de la paz y la tranquilidad. No es para menos: Olvidar y olvidar, sólo puede traer tristezas y dolor.

Casos y cosas como las que narro, se sucedieron a montón en esas no lejanas épocas. De igual manera recuerdan otras personas de otros corregimientos, veredas y fincas, y que son los soñadores que sufren como yo, la angustia de la memoria, que quiere a toda costa aflorar los recuerdos del ayer para que desarrollemos la conciencia y nos embarquemos en el sueño de la construcción de una paz duradera.

Si bien la patria está agobiada, aún nos queda la esperanza del perdón y del amor. Nos queda la tarea de recuperar al país, tratar de encontrar la senda del desarrollo con justicia social y equidad que tanto necesita mi pueblo, recuperar el sentimiento pueblerino que apropia una altísima dosis de pertenencia.

Enderecemos el rumbo, sumemos los esfuerzos y busquemos los caminos de la redención social, siempre de la mano de JESUCRISTO, para que hallemos juntos los escenarios de concertación que necesitan los Montes de María. Todos unidos podemos trazar el gran proyecto de vida y alegría que se requiere. Reconstruyamos el sueño de los mártires y próceres de la historia colombiana. Démonos una oportunidad, elevemos los brazos al cielo y clamemos a DIOS por la paz anhelada. Ejercitemos la mente en pos de ese proceso que busca construir escenarios de justicia social. Dejemos de lado los odios, perdonemos, entreguémonos a la causa de generar el desarrollo que pide a gritos Ovejas y de aquí enseñémosle al país que nosotros lo logramos.

Aprovechemos los tiempos de la gaita, instrumento mágico que encarna los sutil de la cultura, espectáculo de amor y de música que nos alivia las penas causada por la nostalgia de los recuerdos bellos. Empleemos nuestras fuerzas para amar al prójimo, dediquemos nuestra vida al SUPREMO CREADOR, armemos pero un ejército de GAITEROS, discutamos PERO UNICAMENTE sobre quien puede ganar el Festival Nacional de Gaita que este año llega a su mayoría de edad, luchemos pero por llegar temprano a la plaza, lloremos pero cuando suenen las notas de una gaita, adornando la canción inédita que nos gusta, rivalicemos pero solo cuando bailamos con una pareja zaramulla, al son de las gaitas de mi pueblo.

Rescatemos del olvido al pueblo de nuestros ancestros ¡empecemos el proceso! Esta invitación es para todos los habitantes de los Montes de María, porque ha llegado el momento en que decidamos si es mejor una patria aplastada que un país en flor y en desarrollo constante.

Como dije, aprovechemos el influjo mágico de las GAITAS, bailemos y gocemos el FESTIVAL DE GAITA en su XVIII edición, para que nos llegue la inspiración que construya ese sueño y anhelo de PAZ.

¡No dejemos que Ovejas siga llorando! Avivemos la llama del amor, con nuestra música vernácula y digamos al mundo que nosotros somos un pueblo de paz y anhelo, que sólo quiere trabajar y crecer, sin dolor, sin odios, con honestidad y pidiendo mucho respeto por nuestras comunidades.