Friday, August 31, 2007

ENRIQUE ARIAS Y EL PASO DEL TIEMPO (1995)

Por: Rafael Hermosilla Cuello


Algunas veces cuando evocamos el pasado, nos encontramos con el presente; y más aún cuando tocamos aspectos de carácter cultural y cotidianos.

Es por ello que en esta oportunidad he querido resaltar el nombre de un gaitero, que honrosamente el festival más auténtico y autóctono de Colombia en su XI edición, ha denominado su versión: Enrique Arias.

Todas las mañanas al despuntar el alba de un nuevo día, Enrique recorre las calles de Ovejas, de norte a sur, al verlo se me viene a la memoria la introducción declamada de la canción Enrique el Gaitero, del autor Alfonso Martínez Sotomayor, que dice:

“Fatigado por el peso del tiempo
En cada paso de su lento caminar
Dibuja la agonía del trajinar
De una vida fundida en la melancolía
Que brota de las gaitas
En su nostálgica melodía”

Hago comparaciones y concluyo: que en cada uno de sus lentos pasos parece que marcara el compás de una melodía.

Enrique Arias camina despacio, lleva sobre su cabeza su sombrero concha e’ jobo, el cual le cubre la mayor parte de su tierna y blanca cabellera, de su hombro izquierdo cuelga una mochila a rayas que ha sido su eterna compañera, en ella celosamente guarda un cuadro con la imagen de Jesús Caído, su padre, su hermano, su amigo como él lo llama.

En cada paso cabizbajo y pensativo, va fumando su tabaco, exhala bocanadas de humo, de ese que lleva encendido a flor de labios.

Ese es Enrique Arias, un hombre silencioso, enigmático, mítico, que en el baúl de sus recuerdos lleva consigo, los poderes de un ser sobrenatural, la imagen de una mujer que fue su gran amor y el recuerdo de su más querido hermano y compañero de parrandas, Alberto Cayetano (q.e.p.d.)

Enrique Arias conserva celosamente en un rincón de su casita, bien guardadas un par de gaitas de pitahaya, que al desempolvarlas y obturar cada uno de sus orificios, brotan notas melodiosas de canciones como: La Mica Prieta, Candelaria, El Toro Chencho, Sábalo Mayero… entre otras.

Ese hombre de 170 cms de estatura, de manos ásperas, con dedos alargados y adornados con sortijas elaboradas rústicamente en metal de plata y cobre, que según él, son sus aseguranzas de gran poder. Refleja en sus facciones el paso del tiempo, porque cuando le pregunté:

- Maestro se acuerda usted ¿Cuándo nació?
Me respondió
- Si mijo en el año 1915

Enrique Arias tiene un corazón de niño y un alma que no envejece, y sobre todo una voluntad que es única, lo he visto en la plaza donde se realiza el festival, gozárselos cada año. Dios quiera que lo tenga con nosotros en otros festivales más, porque esos hombres de antaño, tienen en sus recuerdos grandes cosas que contar.